Jorge menjivar, con más de 34 años de vivir en guanaja, es un personaje singular, por que al ir acercándose a su casa, el ambiente se torna amazónico por los exuberantes sonidos que sus aves producen. El y su esposa Ángela Sevilla, tienen un poco más de 25 años al cuidado de aves desamparadas, heridas o victimas de tráfico ilegal.
Su historia con las aves comienza, cuando un joven Jorge adquiere una pequeña lora llamada rosita, lo que despierta en el una gran fascinación por las aves. Con el paso del tiempo, amigos, vecinos y familiares sabiendo de su interés por las aves, le llevan a su hogar, toda ave que haya sido encontrada herida o maltratada. La casa de los Menjivar se convierte en una especie de refugio para estas aves, en el cual se les brinda una segunda oportunidad.
Parte de la sinfonía que emana de los predios de la casa de los menjivar, está compuesta por el canto de un centenar de loras, pericos, periquitos australeanos, pinzontles, canarios y las gritonas guaras.
Libres y bellas, esa es la forma en que pueden ser apreciadas, Jorge ha dedicado gran parte de su tiempo en acondicionar los alrededores de su hogar, para que sus aves se sientan cómodas,
Y seguras.
Guanajatown quiso darle honor a quien lo merece, Jorge y su familia ciertamente, son esos guanajeños que se deben admirar, por la devoción y amor que han mostrado con el paso de los años hacia estas aves.
Si deseas visitar a Jorge y sus aves para simplemente observarlas o para brindar ayuda, tienes que dirigirte a la comunidad de Pichete, puedes preguntar a cualquier habitante y gustosamente te guiara.
Por Erik H. .